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lunes, 21 de febrero de 2011

REFLEXIVIDAD SEGÚN WACQUANT

Una entrevista imperdible de Susana Durão con Loïc J. Wacquant publicada en francés en el nº 31 de Labyrinthe, accedido el 20-feb-2011 en el sitio

http://labyrinthe.revues.org/index3920.html. Aquí la traducción de un fragmento...

Susana Durão – ¿Pero entonces, si Cuerpo y alma no está centrado en la persona de Busy Louie, el sociólogo-boxeador aprendiz, ello quiere decir que no se trata de un libro de antropología reflexiva?

Loïc Wacquant: No en el sentido en que lo entiende la antropología llamada «postestructuralista» o «postmoderna», para la cual el retorno de la mirada analítica se dirige, ya hacia el sujeto cognoscente en su intimidad personal, ya hacia el texto que entrega a sus pares y a los circuitos de poder-saber en los cuáles circula. Estas formas de reflexividad, narcicística y discursiva, son muy superficiales; pueden llegar ciertamente a ser útiles en un momento de la investigación para limitar el juego de los sesgos más groseros (identidad y trayectoria sociales, afectos, efectos retóricos, etc.). Pero detienen el movimiento de la auto-crítica allí donde debería comenzar, o sea mediante el cuestionamiento continuo de las categorías y de las técnicas de análisis sociológico y de la relación al mundo que presuponen. Es este retorno sobre los instrumentos de construcción del objeto, por oposición al sujeto de la objetivación, que es la marca distinciva de lo que se puede llamar reflexividad epistémica. Otra diferencia con la reflexividad «egológica» o textual de los antropólogos subjetivistas, es que se despliega no al final del proyecto, ex post, al momento de redactar el informe, sino en su transcurso, en todas las etapas de la investigación. Apunta hacia el conjunto de las operaciones más rutinarias, desde la selección del sitio y de los informantes hasta a las preguntas a formular o a evitar, pasando por la utilización de los esquemas teóricos, de los instrumentos metodológicos y de las técnicas de exposición, en el momento mismo en que son realizadas. Cuerpo y alma es por ende un libro reflexivo en el sentido en que el dispositivo mismo de la investigación me forzaba permanentemente a reflexionar sobre la adecuación de los medios de investigación a su fin, sobre la diferencia entre el dominio práctico y el dominio teórico de una práctica, sobre el margen entre el entusiasmo sensorial y la comprensión analítica, lo visceral y lo mental, el ethos y el logos del pugilismo pero también de la sociología. Asimismo, Parias urbanos es una obra de sociología urbana reflexiva porque cuestiona sin cesar las categorías mismas que pone en cuestión y en juego –«underclass», «inner city», «banlieues», hipergueto, relegación, precariado– para pensar las nuevas configuraciones de la marginalidad en la ciudad. Y porque toma apoyo en una demarcación clara entre categorías indígenas y categorías analíticas, que es para mí el zócalo de la reflexividad.

La reflexividad epistémica se impone con una urgencia tanto mayor al etnógrafo cuando todo lo invita a someterse a las preconstrucciones del sentido común. Por deber metodológico, ella se impone estar a la escucha de los agentes a los que estudia y tomar en serio su «punto de vista». Si hace bien su trabajo, se encuentra ligada a ellos por relaciones afectivas que alientan la identificación y la transferencia. Finalmente la imagen pública de la etnografía (incluso entre los otros investigadores en ciencia social, por desgracia) la aproxima al relato, al diario íntimo, o hasta a la epopeya. Es por ello que para el antropólogo o el sociólogo que recurre al trabajo de campo es imperativo redoblar la reflexividad. Es lo que he intentado mostrar en «Scrutinizing the Street » a propósito de derivas recientes en la etnografía urbana estadounidense.

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